Aprendemos a ver por supervivencia.
El hombre no nace viendo...
Primero aparece el miedo. Presencia. Silueta. Ojos que arden en la montaña. No ataca. Observa. Muchos quedan ahí.
Si atraviesa ese umbral, llega la claridad. Blanco total. Calma. La claridad que puede cegar al torpe. Entender no es lo mismo que ver.
Luego el poder. No grita. No corre. Mira. El poder no se anuncia: ya decidió.
Y finalmente, la vejez. No como desgaste, sino como integración. El chamán no compite. No huye. No impone. Observa el tejido completo.
“Así verás.”